Lo ultra (psicológico)

Lo ultra (psicológico)

Etimológicamente, la palabra ultra encuentra su significación en la mitología romana, cuando el héroe Hércules estableció sus oníricas columnas en el Estrecho de Gibraltar con la inscripción "non plus ultra", indicando que no existía más al oeste tierra conocida. Si recurrimos al Diccionario Panhispánico de la Real Academia, esa locución quiere indicarnos algo que ha alcanzado su máxima perfección, "el no va más".

En psicología, por contra, encontramos la etiología del denominado "pensamiento ultra" en una distorsión cognitiva que nos impide percibir la gran variedad de matices con los que la realidad se nos puede presentar.

Semánticamente, asociamos el adjetivo ultra con el maniqueísmo, con la tendencia a la simplificación entre el todo y la nada, lo blanco y lo negro, lo bueno y lo malo.

¿Por que existe el pensamiento ultra?

Una de sus principales causas es la sencillez de dicho pensamiento, la reducción de la reflexión al mínimo esfuerzo y la facilidad consustancial con que surgen las generalizaciones. Lo más preocupante de tales polarizaciones es que, por lo general, tienden al polo negativo y sirven para reafirmar la existencia de algo pernicioso.

Los individuos que adolecen de este tipo de alteración tienden a clasificar todo tipo de realidad en compartimentos estancos muy amplios y disjuntos, llegando a conclusiones con grandes dosis de victimismo, desesperanza y derrotismo del tipo "los demás se están aprovechando de nosotros"

¿Por qué aparece esta distorsión cognitiva?

Son determinadas experiencias negativas y mal resueltas las que nos conducen a este tipo de bloqueo emocional que imposibilita una percepción positiva de la vida.

En el fondo, subsiste en el sujeto la idea de que ha sido víctima pasiva de una serie de circunstancias injustas e inmerecidas y que se ve imposibilitado de hacer nada para cambiarlas. A partir de todo esto, construye una narrativa argumental consistente en reforzar su convencimiento ante los ataques dialécticos a su pensamiento único, blanco o negro.

La ausencia en el individuo de herramientas de gestión emocional para superar las dificultades cotidianas ha convertido la queja y el derrotismo en un oasis en el que guarecerse ante cualquier tormenta existencial, donde sentirse a salvo.

Hoy en día, nos encontramos con asiduidad este tipo de pensamiento -en la política, en la sociedad- que podemos resumir en un par de sencillas sentencias: "ellos son los malos y nosotros los buenos, nos contaminan", "si nos desprendemos de ellos, conseguiremos ser incluso mejores de lo que ya somos". También en el acoso escolar podemos vislumbrar concomitancias: en el "ellos contra nosotros", en aplicar la ley del más fuerte.

Superar el pensamiento ultra

Superar este tipo de carencias cognitivas requiere, antes que nada, asumir que nos encontramos en una especie de ofuscación perceptiva que nos impide distinguir las distintas tonalidades con las que la realidad se presenta y llegar a la conclusión de que con tanta carga de negatividad resulta imposible construir, aprender o estar a bien consigo mismo o con los demás.

El sentirnos víctimas de los otros -que aparecen en forma de circunstancias, personas, rivales deportivos, antagonistas políticos, etc-, implica una comodidad inmediata: nos exime de responsabilidades, el mal está en ellos.

Escabullirse de esta reductora construcción intelectual requiere aceptar que somos responsables de buena parte de las cosas que nos suceden y que podemos crear, explorar y desarrollar herramientas psicológicas para manejarnos en un mundo ciertamente injusto, pero del que no podemos considerarnos entera y únicamente víctimas.

Resulta vital salir del encasillamiento que provocan pensamientos categóricos sin sordina, sin tamices. Debemos someternos al ejercicio mental de la controversia, porque esta es creativa, enriquecedora, estimula el conocimiento y la aparición de los recursos psicológicos de defensa a los que aludíamos.

Si concluimos que, en la pareja, todos los hombres o todas las mujeres son malos, que el rival político es perverso en claro contraste con mis beatíficos propósitos o que mi equipo de fútbol es el único que merece la pena y los demás son susceptibles de ser apedreados y solo ganan mediante beneficios arbitrales, nos encontraremos en una lóbrega caverna de la que salir con premura e inmediatez, so pena de adentrarnos en terrenos de penumbra aun más acentuada y nociva.

Como sociedad necesitamos muchos más espacios para poder pensar sobre estas cuestiones y no quedarnos tan solos con aquellas cosas que nos van sucediendo.

AUTORES:
Verónica Rodríguez Orellana
Ernesto de Antonio Hernández

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