¿Cómo aprender a aceptar una situación?

¿Cómo aprender a aceptar una situación?

Hoy en día la industria de la felicidad nos bombardea con mensajes que, en la práctica, son muy difíciles de implementar. Algunos de ellos importados de la filosofía budista nos llaman a la aceptación de todas y cada una de nuestras circunstancias vitales.

Pero ¿sabemos en verdad que es la aceptación? En muchas ocasiones, pensamos que estamos aceptando una situación cuando en verdad nos estamos resignando a ella.
Dos conceptos tan diferentes muchas veces se tienden a confundir y a asumir con el correr del tiempo.

La resignación se confunde con aceptación cuando en ocasiones sobrevivimos a determinados planteos vitales, nos acomodamos en un sitio, en una pareja, en un trabajo, en un rol o nos instalamos en dinámicas de soledad o de hiper-sociabilidad pero en verdad no nos estamos moviendo en la dirección de nuestro verdadero deseo si no, todo lo contrario. La persona que se resigna tiende a victimizarse y a decir esto es lo que hay , no puedo hacer nada. La resignación es una forma de esclavización de las circunstancias.

Lo que marca la diferencia entre ambos términos es la actitud. Partiendo de la base que nadie se adapta a lo que no quiere , la resignación, nos llevará al sufrimiento y a la sensación de opresión, de no salida y de sometimiento generando un constante combate en nuestro interior que no hará más que desgastarnos afectivamente.

Cuando consigo aceptar una situación, a pesar de que me disgusta, significa que estoy en condiciones de pensar en tomar otro camino que me haga más feliz. La aceptación no implica bloqueo emocional, ni pensar que es lo que hay, sino que la experiencia me permite generar un aprendizaje hacia el cambio. Podríamos pensar la aceptación como no ir en contra de la corriente sino aprovechando las situaciones para aprender en la vida.

La aceptación y la salud emocional están muy vinculadas. Nuestra capacidad para poder asumir la realidad tal cual nos es dada, sin pretender combatirla nos permite seguir proyectándonos en la vida porque aceptar el momento actual implica, no renunciar a un posible cambio, nos posiciona con una perspectiva diferente y genera la idea de buscar nuevas alternativas para el camino.

La aceptación también aparece en la vida de las relaciones interpersonales.

Cuando me permito aceptar a una persona tal y como es desaparece el deseo de cambiarla. Lo que surge entonces es el respeto profundo pudiendo luego decidir con mayor claridad de que manera quiero o no involucrarme con esa persona. Aceptar nos ayuda a elegir mucho mejor nuestras relaciones.

Un ejemplo de la resignación como motor de sufrimiento en las relaciones personales pueden ser la dificultad para superar una ruptura o un abandono por parte de la pareja.

Cuando me resigno sufro, me enfado con la vida y con el mundo, no lo acepto, incluso puedo invertir muchas horas del día en pensar en la situación y en como modificarla. Si bien en la primera etapa del duelo ante una perdida es normal el sufrimiento , la no aceptación del mismo puede implicar un padecimiento que me estanque en un duelo patológico.

La aceptación activa supone dejar de sufrir, no sentir enfado, y poner rumbo a tu vida de nuevo, que sigue y que tiene mucho más que ofrecerte, en este caso, la aceptación es la etapa final de un duelo sano.

Sí, acepto.

No se trata de la típica respuesta frente al altar, sino de una elección que a diario afecta nuestra vida cotidiana y que también es clave para alcanzar cierto grado de bienestar.
La vida nos presenta un abanico amplio de circunstancias tristes, angustiantes o muy dolorosas frente a las cuales sentimos la impotencia de no poder hacer algo para su resolución. Es una impotencia que muchas veces surge después de haberlo intentado todo, que nos interpela acerca de qué más podríamos hacer o que nos provoca el temor o la culpa de lo que se percibe como una resignación que se avecina. Y asociamos resignación con rendirnos, con claudicar, con el sentimiento negativo de lanzarnos a una derrota.

Ese sí de la aceptación no es resignación, no es conformismo, ni cobardía, ni pereza es afirmación, es aceptación de la realidad, comprensión de las limitaciones y de la voluntad de abrazar y entender nuestra vida en clave de sí. Mientras la resignación puede ser entendida como renuncia, la aceptación es una vivencia de posesión, un tomar en nuestras manos y hacernos cargo de lo que hay.

Tras la elección de la aceptación sobreviene no una alegría eufórica, sino una paz mucho más activa, un sentimiento de tranquilidad interior que nos empuja al camino a andar nuevamente. Por eso, la aceptación sana deja de lado el autoengaño, el falso optimismo, la autosuficiencia para reemplazarlo por la verdad, la esperanza y la entrega a seguir construyendo pequeños proyectos cotidianos.

Hay varias oportunidades para el sí, acepto. No siempre son situaciones extraordinarias o límites. Los pequeños sí, acepto de todos los días son un ejercicio que no sólo nos hace más flexibles y quita esa rigidez de ceño fruncido, sino que nos prepara para encarar con coraje decisiones y situaciones de mayor resistencia.

El sí acepto, relaja las mandíbulas , nos permite dormir mucho mejor , nos abre al abrazo , al perdón, a la generosidad. No se renuncia a nada porque en el sí acepto anida la voluntad para comenzar de nuevo. Hay un sí para toda la vida que se construye con las pequeñas decisiones de cada mañana, como son mirar la realidad con los abiertos arraigarnos en nuestras convicciones pero animándonos a interpelarnos desde la conciencia y sin hostilidad y con mayor afecto.

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